La industria de la construcción en Bolivia atraviesa uno de los momentos más críticos de la última década, según un reciente informe presentado por la Cámara de la Construcción de Santa Cruz (Cadecocruz). Aunque el reporte fue publicado días después, su análisis refleja claramente la situación que predominó entre el 8 y el 11 de diciembre, un periodo marcado por la profundización de problemas estructurales que afectan a empresas, trabajadores y proyectos públicos y privados en todo el país.
De acuerdo con la institución, el sector enfrenta una combinación de factores que han deteriorado gravemente su desempeño: escasez de divisas, falta de diésel y un incremento de costos de materiales y servicios que oscila entre el 35% y el 40%. Esta tormenta perfecta ha generado retrasos, paralizaciones y un ambiente de incertidumbre que golpea directamente la ejecución de obras civiles.
Uno de los indicadores más alarmantes es la reducción del 33% en los permisos de construcción, una cifra que no se registraba desde los meses más duros de la pandemia de COVID‑19. Este desplome refleja la desconfianza de inversionistas y desarrolladores, quienes han optado por frenar nuevos proyectos ante la volatilidad económica y la falta de insumos esenciales.
Cadecocruz advierte que esta caída no solo afecta al sector privado, sino también a la infraestructura pública, ya que muchas obras dependen de la disponibilidad de combustible y de la importación de materiales que hoy se ven restringidos por la falta de dólares.
El informe proyecta que el Producto Interno Bruto (PIB) del sector construcción cerrará 2024 con un crecimiento inferior al 1,3%, una cifra muy por debajo de su promedio histórico y que confirma la desaceleración profunda que vive la industria.
Este bajo rendimiento tiene un efecto multiplicador negativo en la economía boliviana, ya que la construcción es uno de los sectores que más empleo genera y que más dinamiza la cadena productiva, desde proveedores de cemento y acero hasta servicios de transporte, maquinaria y mano de obra especializada.
La falta de diésel ha sido uno de los problemas más críticos del año. Maquinaria pesada, transporte de materiales y equipos de obra dependen directamente de este combustible, cuya escasez ha obligado a muchas empresas a reducir jornadas, suspender actividades o asumir sobrecostos para conseguirlo en el mercado informal.
A esto se suma la falta de divisas, que dificulta la importación de insumos clave como hierro, asfalto, aditivos químicos y repuestos para maquinaria. El encarecimiento de estos productos ha elevado los costos operativos entre un 35% y un 40%, afectando la rentabilidad de proyectos en curso y poniendo en riesgo la continuidad de nuevas obras.
Cadecocruz insta al Gobierno a implementar políticas urgentes que permitan estabilizar el suministro de diésel, garantizar el acceso a divisas y reactivar la inversión pública, considerada fundamental para evitar un colapso mayor en 2025.
El sector también pide revisar los mecanismos de pago de obras estatales, ya que los retrasos en desembolsos han generado tensiones financieras que afectan especialmente a pequeñas y medianas constructoras.
Si bien el panorama actual es complejo, expertos coinciden en que una recuperación es posible si se adoptan medidas inmediatas que devuelvan liquidez y previsibilidad al sector. La construcción ha demostrado históricamente ser un motor de crecimiento para Bolivia, pero su reactivación dependerá de la capacidad del país para resolver los problemas estructurales que hoy la mantienen en crisis.