Un desplome histórico
El acero, considerado un insumo estratégico para la infraestructura y la producción industrial, muestra una demanda en mínimos históricos:
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Construcción paralizada: la reducción de proyectos públicos y privados ha disminuido la compra de acero estructural.
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Manufactura debilitada: sectores como automotriz y maquinaria pesada reportan menor actividad.
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Impacto externo: la disposición 232 de Estados Unidos, que impone restricciones a las exportaciones mexicanas, ha agravado la situación.
Consecuencias inmediatas
La crisis del acero repercute en toda la cadena productiva:
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Empresas siderúrgicas enfrentan pérdidas millonarias y reducción de operaciones.
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Proveedores y contratistas reportan menor demanda y dificultades para sostener empleos.
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Proyectos de infraestructura se ven retrasados o cancelados por el encarecimiento y escasez de insumos.
Advertencias de analistas
De acuerdo con Reuters, la situación podría estabilizarse si se adoptan medidas urgentes:
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Reducir el subejercicio del gasto público, garantizando que los recursos destinados a infraestructura se ejecuten de manera efectiva.
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Impulsar la inversión privada, incentivando proyectos que reactiven la demanda de acero.
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Diversificar mercados de exportación, para mitigar el impacto de las restricciones estadounidenses.
Perspectivas
El futuro del sector dependerá de la capacidad del gobierno y las empresas para coordinar acciones que reactiven la construcción y la manufactura. Expertos señalan que, sin un plan de estímulo, México corre el riesgo de perder competitividad frente a otros países de la región.
Conclusión: La caída del 11% en el consumo de acero en 2025 marca un punto crítico para México. Con la construcción y la manufactura en retroceso, y las exportaciones limitadas por políticas externas, el país enfrenta un desafío estructural que exige medidas inmediatas para evitar un colapso mayor en su industria.