Un fuerte incendio estructural de gran magnitud se registró el miércoles 11 de febrero de 2026 en pleno centro de Guayaquil, en las calles Cuenca y Eloy Alfaro, movilizando a las principales unidades de emergencia y generando alarma entre los residentes y comerciantes de la zona histórica. El siniestro, dado inicialmente como alarma 3, activó un despliegue masivo de Bomberos del Cuerpo de Guayaquil, con la participación de decenas de unidades y efectivos para enfrentar el fuego y evitar su propagación a edificaciones cercanas.
Las autoridades bomberiles confirmaron que el incendio se produjo en un inmueble del centro donde se almacena mercadería variada, lo que generó una gran cantidad de humo y altas temperaturas dentro de la estructura. Ante la complejidad del evento, las labores se llevaron a cabo desde varios frentes, combinando esfuerzos terrestres y apoyo logístico desde la marginal del río Guayas.
El Cuerpo de Bomberos de Guayaquil despachó 23 unidades, entre ellas 14 unidades de combate contra incendios, dos camiones escalera, un vehículo de rescate, un camión cisterna y una ambulancia para atender la emergencia de forma integral. Además, se empleó un vehículo especial para la recarga de equipos de respiración autónoma (ERA) para garantizar la seguridad del personal que trabajaba en zonas de intenso calor y humo.
Las autoridades bomberiles confirmaron que el incendio se produjo en un inmueble del centro donde se almacena mercadería variada, lo que generó una gran cantidad de humo y altas temperaturas dentro de la estructura. Ante la complejidad del evento, las labores se llevaron a cabo desde varios frentes, combinando esfuerzos terrestres y apoyo logístico desde la marginal del río Guayas.
El Cuerpo de Bomberos de Guayaquil despachó 23 unidades, entre ellas 14 unidades de combate contra incendios, dos camiones escalera, un vehículo de rescate, un camión cisterna y una ambulancia para atender la emergencia de forma integral. Además, se empleó un vehículo especial para la recarga de equipos de respiración autónoma (ERA) para garantizar la seguridad del personal que trabajaba en zonas de intenso calor y humo.
Debido a la intensidad del fuego y la complejidad del acceso al área afectada, los bomberos realizaron maniobras de ruptura de partes de la estructura para poder llegar al foco principal del incendio y sofocar las llamas desde puntos clave. Asimismo, las unidades de respuesta mantuvieron vigilancia constante para evitar que el siniestro se expandiera hacia edificaciones anexas, muchas de ellas con actividades comerciales y residenciales.
Este tipo de incendio, que involucra estructuras con mercadería y materiales diversos, representa un riesgo mayor tanto para los bomberos como para el perímetro urbano, ya que el humo denso y las altas temperaturas pueden comprometer la integridad de otros edificios cercanos y afectar la calidad del aire en la zona.
A raíz de la emergencia, las autoridades dispusieron cierres de calles alrededor de la zona afectada para facilitar la labor de los cuerpos de emergencia y garantizar la seguridad de los transeúntes. Se restringió el tránsito vehicular en las inmediaciones del incendio, afectando temporalmente el flujo normal de peatones y automóviles cerca de las principales arterias del centro guayaquileño.
Además, sectores cercanos al lugar quedaron cerrados o con acceso limitado mientras persistían las labores de control del siniestro, lo que generó un impacto directo en comercios y servicios de transporte en el corazón comercial de la ciudad.
El intenso humo generado por el incendio estructural activó alertas ambientales en algunos sectores del centro histórico y alrededores, lo que llevó a las autoridades a emitir recomendaciones para proteger la salud de los habitantes. Se sugirió a la población mantener puertas y ventanas cerradas, evitar actividades al aire libre y utilizar mascarillas ante la presencia de partículas suspendidas en el aire.
La respuesta interinstitucional también estuvo en coordinación con servicios de salud para atender a personas que pudieran presentar irritación ocular, malestar respiratorio u otros síntomas derivados de la exposición al humo, especialmente entre adultos mayores y niños.
En el operativo participaron además efectivos y recursos de diversas localidades y unidades de apoyo, incluyendo equipos especializados que reforzaron la capacidad de respuesta ante incendios de gran escala. Esta coordinación múltiple fue clave para contener el siniestro y limitar el avance de las llamas en un área urbana densamente poblada y con alta actividad comercial.
La magnitud del incendio y el esfuerzo conjunto de bomberos y otros organismos de respuesta reflejan la importancia de contar con protocolos y recursos adecuados ante situaciones de emergencia estructural en centros urbanos.
Este incendio estructural en el centro de Guayaquil no solo movilizó a las principales unidades de emergencia del país, sino que también puso de manifiesto los desafíos que enfrentan las ciudades para responder eficazmente ante siniestros de alta complejidad. La respuesta oportuna y coordinada de los bomberos y autoridades competentes fue crucial para evitar daños mayores, proteger vidas y garantizar la seguridad de la población en una de las zonas más transitadas de la ciudad.