El sector de la construcción clave en la economía de Argentina experimentó una contracción significativa durante 2025, en parte debido a la reducción de la obra pública, que durante años fue uno de los principales motores de la actividad. Sin embargo, pese a este bache, la construcción privada actuó como un amortiguador, evitando que el descenso fuera aún más profundo y generando expectativas positivas de cara a 2026, según una encuesta reciente entre profesionales del sector. Según el relevamiento realizado por el grupo Construya, que incluyó respuestas de más de 400 profesionales de la cadena constructiva, alrededor del 62 % de los encuestados reportó que su actividad había disminuido en 2025 respecto a 2024, una señal del impacto que tuvo la falta de obras públicas en la demanda general de proyectos.
Uno de los factores centrales de esta contracción fue la caída de la obra pública, cuyo peso en los ingresos de las empresas constructoras disminuyó de forma notable en los últimos años. En 2023, la obra pública representaba una parte importante de los ingresos para el sector, pero para 2025 apenas alcanzaba un 3 % del total, frente al 13 % de dos años antes, evidenciando una caída sostenida en la participación de proyectos financiados por el Estado.
Además de la reducción de la obra pública, los constructores señalaron otros obstáculos para 2025, entre los que destacan:
Aumento de los costos de construcción, que encareció insumos y mano de obra y presionó márgenes de rentabilidad.
Dificultad de acceso al financiamiento, con más de la mitad de los encuestados afirmando que el crédito estaba “difícil” o “prácticamente inaccesible”.
Baja demanda en algunos segmentos del mercado, que afectó la cantidad de proyectos privados iniciados.
En este contexto, los métodos de financiamiento tradicionales —como préstamos bancarios en pesos o dólares— representaron solo una mínima fracción de las fuentes de capital para las obras, mientras que muchos constructores recurrieron a mecanismos como autofinanciación, aportes de proveedores o fideicomisos para mantener sus proyectos en marcha.
A pesar de la debilidad general del sector, la construcción privada —especialmente obras de tamaño mediano y pequeño, así como refacciones y ampliaciones— fue identificada como el principal motor de actividad durante 2025. Según los entrevistados:
El 47 % atribuyó la mayor parte de la actividad a obras privadas de escala mediana y menor.
El 36 % destacó que las refacciones y ampliaciones fueron claves para mantener la actividad.
Este desplazamiento hacia la iniciativa privada fue determinante para amortiguar la caída general del sector y para evitar que la contracción fuera aún más profunda.
A pesar de los desafíos, las perspectivas para 2026 son mayormente optimistas. La mayoría de los profesionales encuestados señaló que espera una recuperación o estabilidad en la actividad:
Un 58 % de los consultados anticipa crecimiento en el próximo año.
Un 21 % espera que la actividad se mantenga estable en 2026.
Otro 21 % considera que podría disminuir aún más si no mejoran las condiciones económicas.
Los factores que podrían contribuir a este repunte incluyen la mejora en la disponibilidad de crédito, la consolidación de la construcción como refugio de valor para inversionistas, y el crecimiento general de la actividad económica, que puede traducirse en una mayor demanda de proyectos privados.
Aunque las expectativas de crecimiento son positivas, persisten desafíos estructurales para el sector en Argentina. Entre ellos:
Costos elevados de construcción, que se mantienen altos debido a variables macroeconómicas como la inflación y las tasas de cambio.
Acceso restringido al financiamiento formal, que limita la capacidad de grandes y pequeños desarrolladores para iniciar nuevos proyectos.
Dependencia histórica de la obra pública, cuya reducción ha dejado al sector más vulnerable sin una base sólida de proyectos estatales.
En conjunto, estos elementos configuran un escenario de desafíos y oportunidades que marcarán la evolución del sector construcción en Argentina durante 2026 y que requerirán políticas y estrategias para promover tanto el financiamiento como la diversificación de proyectos.