El mercado de la vivienda atraviesa uno de sus momentos más críticos en los últimos años, marcado por lo que expertos y analistas han denominado el “Efecto Petro”: un patrón económico y político que, según informes recientes, ha impactado negativamente la dinámica del sector constructor tanto en Bogotá como en el resto del país. Este fenómeno, asociado a decisiones de política pública durante la administración del presidente Gustavo Petro, se caracteriza por generar incertidumbre regulatoria, debilitamiento de la confianza inversionista y una desaceleración significativa en la ejecución de nuevos proyectos de vivienda.
El análisis parte de una comparación entre dos momentos clave: la gestión de Petro como alcalde de Bogotá (2012-2015) y su actual periodo como presidente. En ambos casos, se identifica un comportamiento similar en el sector construcción.
Durante su alcaldía, Bogotá experimentó una caída cercana al 30% en los metros cuadrados iniciados, mientras que el resto del país crecía. En contraste, bajo su presidencia, el fenómeno se invierte territorialmente: el sector se desacelera a nivel nacional, con una caída cercana al 39%, mientras Bogotá muestra mejores indicadores relativos.
Este patrón ha sido interpretado por analistas como una señal de que ciertas decisiones estructurales afectan el desempeño del sector, independientemente del ámbito geográfico en el que se apliquen.
Uno de los indicadores más preocupantes es la caída en los lanzamientos de vivienda. Durante la alcaldía de Petro, estos disminuyeron en Bogotá, mientras que en el país crecían. Actualmente, la situación es más crítica: los lanzamientos a nivel nacional han caído alrededor de un 45%, reflejando una desaceleración profunda del mercado inmobiliario.
Este descenso impacta directamente en la oferta de vivienda y en la cadena productiva de la construcción, que depende de nuevos proyectos para sostener su actividad.
El sector construcción, uno de los principales motores de empleo en Colombia, también evidencia señales de debilitamiento. Actualmente, el crecimiento del empleo en esta industria es apenas del 2% a nivel nacional, una cifra que refleja la pérdida de dinamismo del sector.
Dado que una parte importante de los trabajadores del sector percibe ingresos bajos o medios, la desaceleración tiene efectos directos en el bienestar de miles de hogares.
Entre las principales causas del deterioro se señalan decisiones relacionadas con política de vivienda y financiamiento. La reducción de recursos para programas como “Mi Casa Ya”, la eliminación de iniciativas de acceso a vivienda y el encarecimiento del crédito hipotecario han limitado la capacidad de compra de los hogares.
A esto se suma un entorno de confrontación entre el Gobierno y el sector constructor, que, según expertos, ha afectado la confianza para desarrollar nuevos proyectos.
Además, las altas tasas de interés han encarecido el acceso al crédito, desincentivando la compra de vivienda en un momento clave para la recuperación económica.
La construcción no solo impulsa el crecimiento económico, sino que también dinamiza múltiples sectores como el cemento, el acero, el transporte y los servicios. Por ello, su desaceleración tiene un efecto multiplicador en la economía.
Actualmente, cerca del 44% de las viviendas que se construyen en Colombia se concentran en Bogotá, lo que convierte a la capital en un actor clave para la recuperación del sector.
Sin embargo, la incertidumbre regulatoria y los cambios en políticas públicas podrían seguir afectando el desempeño del mercado a nivel nacional.
El llamado “Efecto Petro” ha generado un intenso debate entre el Gobierno, gremios y analistas. Mientras algunos sectores responsabilizan directamente a las decisiones del Ejecutivo por la crisis, otros argumentan que factores macroeconómicos como la inflación y las tasas de interés también juegan un papel determinante.
Lo cierto es que el sector vivienda enfrenta un escenario complejo, en el que la recuperación dependerá de la capacidad de restablecer la confianza, reactivar los subsidios y generar condiciones estables para la inversión.
En medio de este panorama, el futuro del mercado inmobiliario en Colombia sigue siendo incierto, con un desafío claro: reactivar uno de los pilares fundamentales de la economía nacional.