La industria de la construcción de vivienda formal en México presentó un cambio de tendencia en 2025, con un repunte que marca un punto de inflexión tras casi una década de contracciones en la producción habitacional. Según datos del Registro Único de Vivienda (RUV), a lo largo del año pasado se edificaron 138 645 viviendas formales, lo que representa un incremento anual de 8.2 %, una señal clara de que el sector inmobiliario comienza a retomar dinamismo después de años de retrocesos. Aunque esta cifra aún se mantiene por debajo de los niveles históricos más altos como los 301 886 viviendas construidas en 2015 o las **181 133 de 2019 antes de la pandemia, el crecimiento interanual en 2025 es visto como una señal positiva por desarrolladores, economistas y actores del sector.
Expertos señalan varios elementos que convergieron para favorecer este repunte en la construcción de vivienda:
1. Reducción de las tasas de interés:
La disminución en los costos del financiamiento ha jugado un papel importante para mejorar la viabilidad económica de los proyectos habitacionales, facilitando tanto la inversión de las constructoras como el acceso a créditos por parte de los compradores potenciales.
2. Estabilidad en los precios de materiales:
La estabilidad inflacionaria contribuyó a contener los costos de desarrollo, pese a la aplicación de aranceles en distintos sectores productivos. Esto ha ayudado a mantener bajo control algunos de los principales costos para los desarrolladores de viviendas.
3. Políticas bancarias competitivas:
Los bancos han ofrecido productos financieros más atractivos que reducen las barreras para que nuevos proyectos habitacionales vean luz verde, lo cual ha dinamizado el mercado.
El fenómeno del nearshoring, o la relocalización de inversiones productivas hacia México, ha generado un impacto positivo en la construcción de vivienda formal. Este efecto se ha observado especialmente en regiones que han visto un mayor crecimiento industrial y logístico, como:
Monterrey
Guadalajara
La región del Bajío
Ciudades fronterizas como Tijuana
La actividad económica derivada de la llegada de inversiones ha impulsado la demanda habitacional en estos polos de desarrollo, reflejándose en un aumento de la edificación formal de viviendas.
Otro factor que influye en la dinámica del sector es el programa Vivienda para el Bienestar, impulsado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) en conjunto con entidades como Fovissste, Conavi e Infonavit. Este programa, con una meta de 1.8 millones de casas dirigidas a hogares de ingresos bajos y medios, fortalece la base de construcción para quienes buscan vivienda asequible y contribuye a la estabilidad del sector.
Aunque aún no se refleja el impacto total de este programa en las cifras del RUV, las autoridades estiman que será más evidente a partir de 2026, cuando una mayor parte de estas viviendas formalizadas se sumen a los registros oficiales.
A pesar de las señales de recuperación, el sector enfrenta retos importantes para mantener y acelerar el crecimiento:
Infraestructura básica: La disponibilidad de servicios esenciales como agua y energía sigue siendo un factor que limita algunos desarrollos, especialmente en zonas urbanas emergentes.
Trámites y regulación: La agilización de procedimientos administrativos y el fortalecimiento del ordenamiento urbano son necesarios para reducir cuellos de botella que afectan la ejecución de nuevos proyectos.
El presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Desarrollo y Promoción de Vivienda (Canadevi) ha destacado la importancia de avanzar en la desregulación y en la actualización de planes municipales de desarrollo urbano para asegurar que la construcción de vivienda continúe en ascenso y con mayor eficiencia.
Con el contexto actual y las tendencias observadas, se espera que 2026 sea un año de aún mayor dinamismo para el sector de la construcción de vivienda en México. La combinación de financiamiento más accesible, mayor demanda regional y programas sociales robustos podría convertir a la vivienda formal en uno de los principales motores de la economía, impulsando tanto la actividad del sector como el empleo en componentes relacionados.