En medio de la persistente crisis de vivienda que afecta al país, con un déficit estimado en cerca de 980 000 unidades habitacionales, el acero se posiciona como un aliado estratégico para impulsar soluciones constructivas más rápidas, eficientes y sostenibles que permitan avanzar en la cobertura de hogares para familias chilenas. Esta visión ha sido promovida por el Instituto Chileno del Acero (ICHA) y diversos actores del sector de la construcción en el contexto del debate público sobre cómo reducir el problema habitacional vigente. La importancia del acero como material estructural radica en su resistencia, versatilidad y posibilidades de uso en sistemas de construcción industrializada, que permiten aumentar la productividad y reducir los tiempos de ejecución de proyectos de vivienda. En Chile, donde la demanda de soluciones habitacionales supera ampliamente la oferta disponible, esta característica convierte al acero en un recurso clave para acelerar la entrega de viviendas de calidad.
El déficit habitacional en Chile sigue siendo uno de los grandes retos sociales del país. Las cifras oficiales y gremiales señalan que millones de familias todavía viven en condiciones precarias o sin acceso a una vivienda digna, lo que ha generado presión sobre el sector público y privado para encontrar alternativas constructivas que permitan reducir esta brecha.
Frente a este panorama, representantes del ICHA y expertos en construcción han enfatizado que el uso de acero, especialmente en combinación con técnicas de industrialización de viviendas, puede ofrecer ventajas importantes frente a métodos tradicionales. Estas ventajas incluyen la rapidez de montaje, la calidad estructural, la capacidad para resistir condiciones sísmicas y la posibilidad de incorporar soluciones prefabricadas que disminuyan costos y tiempos de obra.
El acero como material constructivo no solo se destaca por su fuerza y durabilidad, sino también por su compatibilidad con procesos modernos de construcción industrializada, que están siendo adoptados en varias partes del mundo para atender crisis habitacionales con mayor eficiencia. Además, este enfoque permite un control más riguroso de la calidad de las piezas y componentes, ya que muchos elementos se fabrican en entornos controlados antes de ser ensamblados en obra.
Desde una perspectiva técnica, las estructuras de acero también tienen un bajo peso en comparación con otros materiales tradicionales, lo que puede traducirse en menor carga sobre cimientos y fundamentos, facilitando la construcción incluso en terrenos más complejos. Adicionalmente, la posibilidad de prefabricar paneles y módulos industriales con acero reduce la cantidad de mano de obra necesaria en obra, optimizando tiempos y seguridad laboral.
Organizaciones como el ICHA han subrayado la necesidad de contar con marcos normativos más robustos y claros que permitan regular el uso del acero en sistemas habitacionales, certificando su calidad y asegurando que este recurso se utilice de forma responsable y conforme a los estándares constructivos. Estas discusiones se han fortalecido acompañadas de proyecciones que estiman un crecimiento en el consumo de acero en construcción durante 2025, con expectativas también de inversión continua en 2026.
Esta puesta en valor del acero coincide con una mayor atención al desarrollo de viviendas industrializadas como una estrategia complementaria para facilitar la construcción de viviendas sociales, que ya está siendo impulsada por políticas públicas y asociaciones del rubro, tanto en Chile como en iniciativas comparables en otros países.
La promoción del acero como recurso estratégico busca integrar calidad, velocidad, sostenibilidad y costo para enfrentar un desafío que va más allá de la construcción misma: reducir la brecha habitacional que afecta a miles de familias. El trabajo conjunto entre gremios, entidades técnicas como el Instituto Chileno del Acero y el sector público es esencial para que estas soluciones materialicen proyectos que permitan acelerar la entrega de viviendas dignas, seguras y modernas, con impacto positivo en la calidad de vida de los ciudadanos.
En definitiva, el acero emerge como un material clave en la búsqueda de alternativas para atender el déficit habitacional en Chile, ofreciendo ventajas técnicas y productivas que pueden potenciar la capacidad de respuesta del país frente a uno de sus desafíos sociales más persistentes.